La mejora como factor de diferenciación
Vivimos en un mundo globalizado, interconectado y altamente competitivo. Hoy, la principal forma que tienen las organizaciones para diferenciarse es satisfacer a sus clientes y partes interesadas. En este contexto, la consigna es clara: mejorar, mejorar y mejorar.
En efecto, la mejora continua se convierte en la base de la supervivencia, la calidad y la sostenibilidad. Dado que las necesidades y requisitos cambian constantemente, las organizaciones deben adaptarse de manera permanente. Solo así es posible captar, comprender y satisfacer las demandas de todas las partes interesadas.
La gestión basada en procesos como motor de la mejora
Una forma efectiva de lograr la mejora continua es afianzarse en una gestión basada en procesos. De acuerdo con la norma UNE-EN ISO 66178, este enfoque implica varias acciones clave.
En primer lugar, es necesario comprender la estructura de procesos de la organización, identificando los procesos existentes y sus interrelaciones.
Además, se debe conocer cada proceso en detalle: sus elementos de entrada y salida, los clientes y proveedores involucrados, las actividades que se desarrollan, los métodos y recursos necesarios para su operación y las competencias requeridas del personal. De este modo, es posible determinar la capacidad del proceso para alcanzar los resultados planificados.
Por otro lado, resulta fundamental obtener resultados medibles. Para ello, se deben establecer los objetivos generales de la organización y desplegarlos en objetivos específicos para cada proceso, junto con un sistema de indicadores que permita hacer seguimiento al progreso alcanzado.
Finalmente, la mejora continua debe abordarse de manera sistemática y proactiva, identificando oportunidades que aumenten la capacidad de los procesos y generen mayor satisfacción en las partes interesadas.
La mejora continua y el éxito japonés
Numerosos autores coinciden en que la filosofía Kaizen, o mejoramiento continuo, fue uno de los principales factores del éxito japonés tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esta filosofía va mucho más allá de la calidad del producto.
En Japón, el objetivo fue mejorar todo lo que se hace, incorporando productividad, flexibilidad e inclusión. El mejoramiento continuo involucra a gerentes, trabajadores y administradores; es decir, a todo el equipo. De hecho, la inclusión se transforma en un elemento clave del proceso.
La mejora se realiza mediante acciones pequeñas y constantes, hasta convertirse en un hábito cotidiano profundamente arraigado en la cultura. Tan fuerte es este enfoque que se ha intentado trasladar incluso a los ámbitos político, familiar, educativo y social. Así, el llamado “milagro japonés” no responde a factores místicos, sino a esfuerzos sostenidos ejecutados por todos y para todos.
Principales elementos de la filosofía Kaizen
Entre los elementos característicos de la filosofía Kaizen destacan:
· Orientación al cliente.
· Control total de la calidad.
· Robótica.
· Círculos de calidad.
· Sistema de sugerencias.
· Automatización.
· Disciplina en el lugar de trabajo.
· Mantenimiento total productivo.
· Kanban (gestión de inventarios).
· Mejoramiento de la calidad.
· Justo a tiempo.
· Cero defectos.
· Actividades en grupos pequeños.
· Relaciones cooperativas entre trabajadores y administración.
· Mejoramiento de la productividad.
· Desarrollo de nuevos productos.
La mejora continua como desafío para Chile
Ahora bien, surge una pregunta relevante: ¿qué debe ocurrir para que Chile adopte la mejora continua como forma de trabajo, modo de vida y motor de la calidad?
¿Será necesario un evento de gran magnitud para impulsar el desarrollo de habilidades, mejorar procesos, aprovechar los recursos disponibles y aumentar la productividad y las ganancias? Estas fueron, precisamente, las circunstancias que impulsaron el cambio en Japón.
Sin embargo, la realidad chilena es distinta. Contamos con mejores condiciones que el Japón de 1945, mayores oportunidades de formación y una creciente diversidad de conocimientos aportados por quienes llegan al país. Por lo tanto, interés, voluntad, pasión por el trabajo, respeto por las normas, formación continua y mejora diaria pueden convertirse en la base para construir un Chile más próspero y sostenible.





